Parábola del colegiado


Imaginemos esta situación:

Me encuentro con Ud. en la calle y le digo: “Buen día colega. Quiero organizar un torneo de truco y para ello necesito unos pesos. Ahora bien, si me los niega, no le permitiré trabajar de abogado”.
Semejante insolencia sería respondida adecuadamente. Ud. seguramente seleccionaría algún objeto adecuado para arrojármelo por la cabeza, o buscaría alguna frase hiriente, probablemente poco elegante, para ponerme en mi lugar.

Otro caso:
Me encuentro con Ud. y le digo. “Vea doc. A mí me gustan mucho las armas. Me encanta el tiro. Quiero organizar un torneo, dar premios, etc. Largue unos mangos porque si me los niega no lo dejo trabajar”.
¿Qué me respondería? Probablemente me insultaría a mí y a todos mis antepasados, mientras guarda los anteojos para poder golpearme adecuadamente ante el intento de extorsión.

El último: “¡Doc! ¡Tengo una idea genial! Una maratón. Obviamente no es gratis. Necesito recursos. Vamos doc... ponga la mano en el bolsillo y pague o le prohibo firmar escritos”.
En ese punto, seguramente Ud. ya estaría tratando de buscar algún colectivo para arrojarme bajo sus ruedas.

Pero, estimado colega, si las hipótesis anteriores lo hacen enfurecer ¿por qué no reacciona igual con las actuales autoridades del CPACF?

Ellos le sacan plata para concursos de tiro, de truco, maratones y un largo etcétera de cosas que nada tienen que ver con la ley que dió origen a esta institución.

Si no le gusta que le roben, si no quiere ser víctima de un chantaje ilegal e inmoral, invierta unos minutos y lea la plataforma de Bloque Constitucional.